Volver a la normalidad apesta

Volver a la normalidad apesta

 

Como ya lo adelantábamos, desde esta semana podremos ser testigos del regreso gradual a la normalidad y de la reactivación de gran parte de los sectores productivos en el país.

 

Eso quiere decir, entre otras cosas, que el suministro de cheve para nuestro equipo editorial se restablecerá (¡dios bendito, gracias!) y que Ricky Salinas Pliego dejará de despotricar en Twitter al mero estilo de un porro de la UNAM.

 

Sin embargo, seamos honestos, volver a la normalidad, en muchos sentidos, es como volver con tu ex, la tóxica*, porque:

 

a) Sabes que no te conviene.

 

b) Muy en el fondo, ni te gusta tanto.

 

c) A pesar de todo eso, sientes tentación por volver a sus brazos.

 

*Nota del editor: durante hora y media debatimos si era machista utilizar la expresión “la tóxica”. Incluso consideramos usar “le téxique”, para que nadie se sintiera “ofendide”, pero lo descartamos porque suponemos que usted, querido lector, es una persona con criterio y que no se ofende por esas tarugadas.

 

En fin, como decíamos, si lo analizamos bien, existen buenas razones para no regresar a la normalidad, particularmente cuando se trata de volver a la tormentosa relación que muchos mexicanos tienen con sus bancos. Porque volver a esa realidad apesta, ¡y mucho! (una razón más para seguir usando cubrebocas cuando vas a una sucursal😷).

 

Si no nos crees, aquí te compartimos algunos motivos para que lo reflexiones:

 

1. Es normal que pagues altos intereses

 

Échale un ojo al estado de cuenta de tu tarjeta y confírmalo por ti mismo, no sería nada raro que por tu bendito plástico o crédito personal bancario te estén cobrando una tasa de 50 por ciento o más. De hecho, de acuerdo con cifras del Banco de México (Banxico), alrededor de 20 millones de mexicanos pagan tasas de hasta 68 por ciento por sus deudas con tarjetas y préstamos bancarios.

 

 

2. Es normal que vivas endeudado

 

Supongamos que debes 300 mil pesos en tu tarjeta de crédito, cuya tasa es de 63.20 por ciento y que quieres pagarla a 36 meses, ¿ok? En ese caso, terminarías pagándole al banco poco más de 375 mil pesos de puros intereses (sí, leíste bien, ¡de puros intereses!). ¿Ahora entiendes por qué todo tu dinero se va en el pago de tus tarjetas?

 

 

3. Es normal que las letras sean chiquitas

 

Curiosamente, mientras las tasas son enormes, las letras de los contratos son chiquitas. Si no lo crees, observa a todas las personas que decidieron diferir sus pagos y que apenas comienzan a enterarse de que, además de tener que pagar los adeudos diferidos, también tendrán que pagar intereses ordinarios… que no sería gran cosa, si las tasas no fueran tan elevadas.

 

 

4. Es normal que los trámites sean burocráticos

 

Si hay algo que se le tiene que reconocer a la banca es que, con o sin pandemia, hacen de la burocracia el sello de la casa: papeleo por aquí y por allá, horas de espera en el teléfono para hablar con un ser humano, filas más grandes que la cintura de Luis Miguel después de su pedido en UberEats y sucursales con 15 cajas, pero sólo con dos cajeros atendiendo… lo normal.

 

 

5. Es normal que tu dinero no crezca

 

Dicen que les interesas, pero cuando inviertes con ellos te dan rendimientos reales negativos (en fin, la hipocresía). ¿Sabías que, de acuerdo con datos de Banxico, los mexicanos perdemos más de 120 mil millones de pesos al año en instrumentos de captación? ¿Por qué? Porque la mayoría de los instrumentos de ahorro e inversión ofrecen rendimientos negativos en términos reales.

 

 

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